Curiosamente hoy desperté con la sensación de que estabas a mi lado al amanecer, como aquellas veces que parecíamos dos niños en un escondite.
Poco a poco nos fuimos
desvaneciendo, apagamos el calor, solo nos dimos caricias vacías tratando de saciarnos pero todo fue tan banal que ahora el hecho de pensar en tus manos acariciándome me lleva a un abismo pero a pesar de todo lo que pasaba nunca tratamos de tirar los muros interpuestos.
La rutina se encargo de ellos, y encontré tu mirada, que reflejaba el monstruo de todos los daños que se causaron y me costo creer que nos volvimos unos completos extraños o tal vez siempre lo fuimos pero nos aferramos hasta vernos agotados.

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